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Por Nakachi

Liderazgo y unidad

 Roberto Salem

En junio de 2012, el profesor en Finanzas de la Universidad de San Francisco de Quito de Ecuador, Roberto Salem, publicó su artículo Los retos del liderazgo mundial del siglo XXI Salem, R. (2012). En éste dejó ver ante los cambios propios del nuevo milenio, que este tiempo se caracterizaría por el cambio y la incertidumbre.

Dejó ver los desafíos que toda persona que se precie de liderar alguna organización social o país podría enfrentar; asimismo, propuso un marco de competencias que podrían ser útiles para hacerles frente a esos desafíos.

Salem, subraya los siguientes retos:

1.- Globalización;

2.- Tecnología e innovación;

3.- Crecimiento de la población;

4.- Administración de los recursos humanos;

5.- Protección del medio ambiente y responsabilidad social.

También propuso las competencias y habilidades que el líder debe asumir:

1.- Mente global;

2.- Innovación y creatividad;

3.- Flexibilidad;

4.- Habilidades comunicativas;

5.- Capacidad para crear y liderar el cambio;

6.- Habilidades de trabajo en equipo;

7.- Motivación para aprender;

8.- Respeto por los demás y sensibilidad.

Con esto, trataremos de encuadrar el caso del México de 2021.

Coincidimos en el marco que planteó en su artículo Salem, el cual contradice al populismo que profesa el presidente de México: gobernar una nación, sí tiene ciencia. Es muy complejo, no es enchílame ésta.

Agregamos: en la incertidumbre y angustia de un grupo social,  el líder genuino, pone en primer término la unión grupal o nacional por encima del interés personal. Dicho en otras palabras, ante la adversidad de estos tiempos, se necesitan líderes que unan en la diversidad a sus pueblos.

Ese principio de unidad que enarbola uno de los colores de nuestra bandera nacional y que este gobierno dinamita todos los días.

De esa publicación, han transcurrido casi diez años y una serie de cambios que sin duda hicieron que el mundo diera un vuelco de ciento ochenta grados.

Por ejemplo: estamos en medio de la pandemia más atroz en un siglo;  el avance cada vez mayor de la tecnología −la llegada del 5G es evidencia de esto−;  y la plaga populista, fenómeno político que  es tendencia mundial. México ya vive sus estragos.

Se acuerdan cuando en plena campaña presidencial de 2018, en uno de los debates el candidato del PAN, Ricardo Anaya espetó las siguientes palabras al entonces candidato de la Coalición “Juntos Haremos Historia”: “Tampoco me parece un problema el que no hables inglés; el problema es que no entiendes el mundo.

Lo que pasa fuera de México sí impacta en nuestro país”. Cada día el propio López Obrador nos demuestra lo profético que fue Anaya.

El líder populista vive en otra  dinámica. Ejecuta su obra en tono distinto, haciendo gala del engaño sistemático se recarga en el pasado utópico para venderse como el “redentor” de todos los males de la nación, para “salvar” a esa figura abstracta e intangible pero que él encarna: “el pueblo”.

Resulta paradójico que el que sigue los pasos de Jesucristo por su humanismo, eligió vivir en un Palacio y se hace de oídos sordos ante las demandas por tratamientos oncológicos  de los padres de niños con cáncer;  el narciso que se define a sí mismo como amante de la historia, todos los días atiza la polarización con objeto de dividirnos.

Como no se tiene memoria, México vive dividido. ¿Acaso siguen a pie juntillas el principio perverso de divide y vencerás?

El columnista Víctor Beltri lo define de modo magistral:

La función del Estado se entendía de manera distinta durante el neoliberalismo, y la clase media que, antaño, se consideraba esencial para el desarrollo del país, hoy se ve obligada a instalarse en un modo de supervivencia en el que las necesidades de cada uno de los sectores que la integran son tan apremiantes que no les permiten ver por las de los demás […] Por eso nos tienen tan divididos.

Los problemas de cada grupo son tan abrumadores que no es posible atender los ajenos ni ver a largo plazo; para quien tiene un familiar sin medicamentos –o un hijo sin quimioterapias− poco importan los ataques al sector empresarial, para quien se ha quedado sin empleo, por no tener en dónde dejar a sus hijos, es irrelevante la destrucción de los manglares (Beltri, 2021).

Por el flanco que se le vea, el país vive una tragedia que no se ve por dónde pueda tocar fondo. Quien no lo quiera mirar o lo niegue, seguro es por algún interés mezquino personal, o porque el régimen que promueve la posverdad logró ideologizarlo hasta el tuétano y aún mantiene la ilusión o arrogancia de que son la esperanza de México.

Si al líder se le juzga por sus obras, queda muy claro que con este gobierno  se dio freno al crecimiento económico (y allí están los indicadores económicos), a la modernidad, el  desarrollo,  la transparencia,  la apertura al mundo y una larga lista de etcétera.

Lo que vemos todos los días en nuestro país, es un líder que sigue los pasos del Manualito en el que se recargan los tiranos como el de Venezuela, Nicaragua o Cuba: ataques a la prensa y periodistas, destrucción de instituciones, promoción de un nacionalismo que raya en lo tóxico (basta con ver su cantaleta de la supuesta recuperación de la soberanía), violación al Estado de Derecho, asalto a la democracia (¿creen que los ataques al INE son casualidad?), corrupción de escándalo en su grupo cercano, militarización del país (hasta el más indiferente se pregunta, ¿pues que estarán tramando?), persecución y encarcelamiento a enemigos políticos; y así, una larga lista.

Desde el enfoque que se prefiera, el presidente de la república no tiene ni pizca de  visión hacia lo global. Su mundo es México, o más grave aún: Tabasco o Cuba. Sobre tecnología e innovación; él mismo no tuvo empacho y nos mostró sus cartas: le entusiasma un trapiche artesanal propio del siglo XIX, empujado por una bestia.

Sobre administrar los recursos humanos, lo que hemos visto en tres años, es que en el ejercicio de su liderazgo vertical, solo hay una voz y es la suya. Así al estilo de las dictaduras, no hay más porque el resto del equipo son serviles floreros de adorno si no es que antes fueron “devorados”. A propósito, ¿alguien sabe que fue de la CNDH y su titular?

Sobre la protección al medio ambiente,  en este punto no hay mucho que abonarles a su favor. Ni el Ecoloco su hubiera atrevido a tanto, ¿recuerdan cuando aseguraron que en la construcción del tren maya, en medio de la selva de Calakmul y áreas ecológicas reservadas no se tiraría un solo árbol? La terca realidad –enemiga por excelencia del populismo demagógico− se impone y nos ha demostrado lo contrario.

Sobre el tema poblacional, para los que vislumbraron que en la lamentación no meterían las manos por la población… Bueno sí, para recetar imágenes del “Detente” o “calditos de pollo con cebolla”, da escalofrío siquiera pensar que iba en serio eso de que la pandemia les cayó como anillo al dedo.

En el tema de responsabilidad social, qué dirán después de tres años esas organizaciones civiles o líderes que apostaron por el cambio y les dieron su voto masivo con la seguridad de que fortalecerían su misión y visión como organización. Quizá en su candidez, olvidaron que para un dictador o tirano en ciernes, éste solo quiere el vínculo directo con su pueblo, los intermediarios le estorban.

Para quien lo duda, asómese cómo desde este año y para el que viene intensificaron el apretón hasta asfixiar  fiscalmente a las donatarias autorizadas. Como él encarna al Estado y el Estado es él, intentará por todos los medios dinamitar a la sociedad civil organizada hasta desaparecerla.

Tratemos  de verificar las competencias del líder que propuso Salem.

Sobre mente global, no redundamos más; más que innovación y creatividad, lo que vemos es una copia burda del sistema de partido hegemónico priista del siglo XX. Es risible, pues el modelo corporativo priista funcionó al aplicar el modelo porfirista de pequeños porfiritos o caciques en el gran engranaje.

Así se estaba ante una estructura, un gran dinosaurio. López Obrador hasta para emularlo fue malo, su modelo está sostenido en él.

De la flexibilidad es difícil hallarla cuando existe solo una voz, además de autoritaria (si vas contra lo que yo quiero, puedo enviar al presidente del Congreso a denunciarte por la vía penal, tal y como sucedió hace días contra los consejeros electorales del INE) rígida, terca e inflexible. La tozudez del líder, que para muchos fue virtud, hoy se vuelve dinamita en sus manos. Por mucha demagogia, llegará el tiempo de hacer un alto para rendir cuentas. Al tiempo.

Sobre las habilidades comunicativas, qué decir cuando vemos a un presidente que sin ruborizarse en promedio nos escupe noventa mentiras en su ejercicio propagandístico matutino.

Este gobierno viene cacareando el tema del cambio, tanto es así que embriagados de las delicias del poder se autodenominaron como la “cuarta transformación de la vida pública del país”, lo que hace evidente que su principal fuente es el libro de texto gratuito que se amalgama con su ignorancia respecto a su visión de la historia.

Lo que sí nos han dejado ver es que son capaces de decirnos que la tierra siempre fue plana y que vivimos por siglos equivocados; y lo que es aún “pior” habrá miles de fanáticos que dirán: “si cierto, yo le creo al presidente, es un honor…”.

Sobre las habilidades de trabajo en equipo; motivación para aprender, respeto por los demás y sensibilidad… Como dice el presidente de México: “Con todo respeto” pero por dónde le busquen, seguro no hallarán nada y haciendo gala de la imaginación, en un ejercicio de evaluación, Salem no acreditaría al titular del Ejecutivo.

Insistimos en que el mayor error de la administración obradorista fue apostarle a la división del país. Si ésta nos ha distinguido, en los últimos tres años se ha exacerbado a niveles jamás vistos. En este tiempo aciago de plaga populista, pandemia y crisis económica, cómo hacen falta líderes que converjan y hagan llamados a la unidad nacional.

En el México del siglo pasado, cuando aún se iba consolidando el modelo corporativo priista que le permitió fortalecerse hasta gobernar esta país por más de setenta años, en septiembre de 1942  en medio de la conflagración mundial, el entonces presidente de la república, Gral. Manuel Ávila Camacho, hizo un llamado a la unidad nacional.

Convocó a todo un país para tejer lazos de unión ante la amenaza internacional. Como nos lo demuestra la historia, gracias a esto y varios factores más, el país salió bien librado.

Se nos fue el 2021  y nos espera un 2022 con mayores retos en varios frentes,  nos hemos ido haciendo tan resilientes que libraremos esta pesadilla populista demagógica; al mismo tiempo nos viene pisando los talones la variante ómicron, con toda la seriedad hoy sí podemos asegurar: ¡Sálvese quien pueda!

Referencias

Beltri, V. (20 de diciembre de 2021). La langosta ya está hirviendo. Recuperado el 27 de diciembre de 2021, de https://www.excelsior.com.mx/opinion/victor-beltri/la-langosta-esta-hirviendo/1488855

Salem, R. (2021). Los retos de liderazgo mundial del siglo XXI. Polémika, 3 (9). Recuperado el 26 d diciembre de 2021, de https://revistas.usfq.edu.ec/index.php/polemika/article/view/429

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