El anecdotario de Mime

MIMETICA

 

La muerte de mamá

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Tenía solo 18 cuando mi madre fue diagnosticada con cáncer de seno, comenzamos el tratamiento, de principio una operación que fuera una carnicería, quimioterapias y radiaciones como principio del fin.

Aun no puedo irme, no estás lista argumentó e intentaba por todos los medios de fortalecerse; la noticia de mi embarazo la puso tan feliz que regresó a la vida de forma inverosímil.

El nacimiento de mi hijo la llenó de vida, de ganas y así la vida le regaló una tregua de aproximadamente 10 años más.

Quimioterapia tomada era su tratamiento, visitas periódicas al hospital, un buen día hubo una recaída y la internaron, la radiación coló el cáncer al pulmón, estábamos hasta el final de ese largo pasillo oncológico donde se respiraba el dolor y la muerte como parte de un todo, nos percatamos que los pacientes más graves estaban colocados al inicio del citado pasillo, y en repetidas ocasiones durante esa estancia vimos a más de una familia desfilar al anfiteatro del hospital para preparar a sus muertos.

Mamá reía aun positiva, (-aún estoy al fondo, no me toca) y salíamos victoriosas una vez más.

La muerte de su madre agravó su salud colocándola en el pasillo por la mitad… Nos acercamos me decía mientras la atendían de una baja de peso radical y una recaída casi mortal. Mi hijo crecía bajo su cobijo y formación, tenía razón, no estaba lista para quedarme sola, para verla irse, pero… ¿quién está listo para perder al único ser al que nacemos unidos?

Nuevamente se puso en pie, (-solo en lo que arregló mis papeles y para no dejarte sola con mi papá) mi abuelo que ya había perdido a su esposa, me abrazaba mientras decía… (-no puedo ver morir a mi hija).

Un mal día encontramos al abuelo casi en coma por una neumonía casi asintomática, (la historia del abuelo la contaré después); mamá tenía una conexión de verdad fuerte con su padre y tras irse él, recayó de vuelta esta vez siendo colocada en el principio del largo pasillo oncológico.

¡Mi hora se acerca… ya llegamos al principio del pasillo!

La regresaron a casa por no haber material para el contraste, (-que bueno, me da tiempo de despedirme de mi niño, la casa, el perro y de ti), mi corazón había comenzado a morir junto con el de ella.

El día de volver al hospital llegó… tomó su maleta, abrazó a mi hijo y le dijo:

-Pórtate bien eres un buen niño, gracias por darme vida.

Se paró en la puerta de entrada del departamento, miró todo y dijo, gracias casita, por tanto, adiós Zuly le dijo al perrito que tanto trabajo nos costó que aceptara, cerramos la puerta y me tomó de la mano, estás lista, tu hijo ya está formado también… es la última vez que estoy parada aquí en casa y junto a ti.

Cabe mencionar que su salud estaba ahora sí muy minada, su cuerpo se incendiaba por dentro, y dolía insoportablemente, más ella estoicamente se mantuvo serena.

El doctor me llamó para decirme que autorizará un paliativo para solo esperar la hora, no había más que hacer.

Pasamos la tarde en ese horrible cuarto compartido, con la muerte respirándonos en la nuca, estábamos agotadas, habían sido meses terribles de entrar y salir del hospital, de piquetes en los brazos, el cáncer había hecho trizas el organismo de mi madre, borró su hermosa y alegre sonrisa y desbarató sus huesos.

Tengo miedo, no sé qué hay después de esto… dijo.

Cerró los ojos tras recibir una fuerte dosis de Clonazepam, me quedé dormida sobre su brazo, ese brazo de kitty decía yo porque tenía edema, y me desperté en un charco pues el brazo había drenado el agua y ella se estaba apagando.

Cerca de las 5 am de un 5 de febrero, se dejó ir, dejándome aquí sin ella y viajando a lo eterno donde no hay dolor físico.

Abracé con fuerza su delgado e inerte cuerpo, le di las gracias por todo, besé su frente y lloré como nunca había llorado, dolía algo dentro como jamás había dolido, como no conocía que podía doler, algo dentro de mi se rompió, murió … nos habíamos perdido las dos.

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