Prohibido enfermarse: la deuda de la salud pública

🚑 PROHIBIDO ENFERMARSE

NAKACHI
La Opinión del Abogado Nakachi / Bitácora de la luna

19/10/2026

  • Cuando la salud deja de ser una política pública y se convierte en una prueba de supervivencia
Pacientes formados en un hospital público mientras esperan surtir medicamentos en medio de problemas de abastecimiento y atención médica.
La falta de medicamentos y los retrasos en la atención médica obligan a miles de pacientes a esperar durante horas en hospitales públicos.

«Una reforma administrativa puede esperar una evaluación. Un enfermo de cáncer, no.»


Hay tragedias que comienzan con un terremoto, otras con una guerra y algunas más con una epidemia. Pero existen tragedias silenciosas que nacen en un escritorio, se firman con una pluma y terminan cobrándose en la cama de un hospital.

Estas últimas son particulares y dolorosas porque pudieron evitarse.

Me he preguntado muchas veces en qué momento una sociedad comienza a perder su sensibilidad frente al sufrimiento ajeno. En qué instante nos acostumbramos a mirar a una madre implorando medicamentos para su hijo, a un anciano esperando una cirugía o a una familia vendiendo lo poco que tiene para comprar aquello que un hospital público debería proporcionarle. Y lo más inquietante no es que estas escenas existan. Lo preocupante es que comiencen a parecernos normales.


🏥 La salud pública en México y la normalización del sufrimiento

Balanza que compara medicamentos y expedientes clínicos frente a documentos de presupuesto público, simbolizando las prioridades del gasto gubernamental.
Las decisiones presupuestales influyen directamente en la capacidad de los sistemas de salud para responder a las necesidades de la población.

México lleva décadas arrastrando deficiencias en su sistema de salud. Sería injusto atribuir todos sus males a una sola administración. Sin embargo, reconocer los errores del pasado no puede convertirse en una excusa para dejar de examinar las decisiones del presente.

Durante el gobierno del Embustero se modificaron los mecanismos de adquisición de medicamentos, se sustituyó el Seguro Popular por el Instituto de Salud para el Bienestar y se impulsó la transferencia de servicios hacia el IMSS-Bienestar. Cada transformación fue presentada como una oportunidad para combatir la corrupción, ampliar la cobertura y mejorar la atención.

Esos objetivos, por sí mismos, resultan legítimos. Combatir la corrupción en la compra de medicamentos es una obligación del Estado. El problema surge cuando los cambios institucionales no van acompañados de una capacidad suficiente para garantizar la continuidad de los tratamientos. Porque una reforma administrativa puede esperar una evaluación. Un enfermo de cáncer, no. Un gobierno puede solicitar paciencia para reorganizar sus instituciones. Una madre cuyo hijo necesita quimioterapia no tiene ese privilegio.

Y ahí aparece una pregunta que debería estar por encima de cualquier diferencia ideológica:

¿Qué sucede cuando la voluntad de transformar un sistema termina enfrentándose con la urgencia de salvar una vida?

Pienso también en los médicos y las enfermeras. En esos hombres y mujeres que dedicaron buena parte de su juventud a estudiar el cuerpo humano, a comprender sus enfermedades y a prepararse para el momento en que alguien depositara en sus manos lo más preciado que posee: su existencia.

Imagino la impotencia de un médico que conoce el tratamiento, tiene la preparación para administrarlo y, sin embargo, no cuenta con los insumos necesarios. Hay pocas frustraciones tan profundas como saber que puedes ayudar y descubrir que no tienes con qué hacerlo.

Pero también pienso en quienes esperan afuera. En el padre que duerme sobre una banqueta porque su hija permanece hospitalizada. En la mujer que lleva una bolsa con estudios médicos y una receta que todavía no puede surtir. En los abuelos que recorren farmacias buscando un medicamento mientras el tiempo, ese enemigo silencioso de los enfermos, continúa avanzando.

Para ellos, las estadísticas tienen nombres y apellidos. Los porcentajes tienen rostros. Y los retrasos administrativos se miden en noches de angustia.


«Para ellos, las estadísticas tienen nombres y apellidos. Los porcentajes tienen rostros.»


🩺 Salud pública en México: entre reformas y carencias

Personal médico revisa expedientes en un consultorio con recursos limitados dentro de una unidad de salud pública.
Además de atender pacientes, el personal médico enfrenta limitaciones derivadas de la falta de insumos y recursos hospitalarios.

Por eso resulta indispensable que las autoridades expliquen, con información verificable, qué resultados han producido las distintas reformas sanitarias, dónde persisten los desabastos y cuáles son los mecanismos para corregirlos.

La administración de la Lugarteniente tiene ante sí la responsabilidad de evaluar tanto los avances como las deficiencias heredadas, sin que la continuidad política impida reconocer lo que necesita rectificarse. Gobernar también exige la humildad de corregir. Y quizá sea esa una de las virtudes más difíciles de encontrar en el ejercicio del poder: reconocer que una decisión tomada con grandes expectativas puede producir consecuencias distintas de las prometidas.

«La verdadera autoridad no se empequeñece cuando admite un error. Se empequeñece cuando el orgullo le impide escuchar a quienes padecen sus consecuencias.»

Los recursos públicos son limitados. Construir infraestructura, impulsar el desarrollo económico y ampliar los servicios sociales son tareas necesarias. Pero precisamente porque el dinero no alcanza para todo, cada decisión presupuestal revela las prioridades de un gobierno. No basta con preguntar cuánto costó una obra.

También debemos preguntarnos qué necesidades quedaron pendientes, qué beneficios produjo y qué oportunidades se sacrificaron para realizarla.

La política pública no puede evaluarse solo por la monumentalidad de sus construcciones, sino por el bienestar que entrega a las personas. Una nación puede levantar aeropuertos, construir ferrocarriles y presumir enormes instalaciones. Todo ello puede tener una utilidad que merece evaluarse con seriedad. Pero ninguna obra debería servir para ocultar las carencias de una sala de urgencias. Porque el progreso no consiste en llegar más lejos. También consiste en impedir que los más vulnerables se queden atrás.


❤️ La salud pública en México nos afecta a todos

Hay algo que me parece fundamental recordar: la enfermedad nos iguala.

Receta médica, estudios clínicos, recibos de farmacia y cartera vacía sobre una mesa que reflejan el impacto económico de los gastos de salud.
Cuando la atención pública no cubre las necesidades médicas, miles de familias deben absorber gastos que afectan su estabilidad económica.

«La enfermedad nos iguala.»

No pregunta por nuestras preferencias políticas, nuestra posición económica ni nuestras creencias. Puede llegar a la casa del empresario y a la del campesino, a la familia del funcionario y a la del obrero. Sin embargo, sus consecuencias no son iguales para todos.

Quien tiene recursos puede buscar alternativas. Quien no los tiene depende, muchas veces por completo, de la capacidad de respuesta de las instituciones públicas.

Por eso la salud no debería convertirse en un instrumento de confrontación partidista. Su defensa exige algo mucho más elevado: una conciencia colectiva capaz de reconocer que la dignidad humana antecede a cualquier proyecto político.

He aprendido que una de las expresiones más profundas del servicio consiste en acompañar a alguien cuando ha perdido la capacidad de sostenerse por sí mismo. Esa convicción también debería inspirar a quienes administran los recursos de una nación.

Porque servir no es solo pronunciar discursos en nombre de los pobres en un circo matutino. Servir es conseguir que una persona enferma encuentre atención cuando más la necesita. Servir es que el médico disponga de los instrumentos para ejercer su vocación. Servir es que una familia no tenga que escoger entre comprar medicamentos o llevar comida a su mesa. Y servir, sobre todo, es comprender que detrás de cada expediente existe una vida que no puede reducirse a un número.

Y aquí quisiera detenerme en una última reflexión.

Con frecuencia hablamos de las grandes tragedias de la humanidad como acontecimientos que pertenecen a los libros de historia. Nos estremecen las guerras, las hambrunas y las injusticias de otros tiempos. Pero quizá olvidamos que la historia también se está escribiendo hoy, en los pasillos de nuestros hospitales, en las salas de espera y en los hogares donde una familia lucha por conseguir una medicina.

Algún día las generaciones que vienen examinarán nuestras decisiones. No solo preguntarán cuánto crecimos económicamente, cuántas obras construimos o quién ganó las elecciones. También querrán saber qué hicimos cuando nuestros enfermos necesitaban ayuda.

Y entonces, quizá, descubramos una verdad que ninguna propaganda, ningún discurso y ninguna diferencia política podrá borrar:

Pasillo de hospital público con una frase sobre humanidad y dignidad, en una escena que simboliza la reflexión sobre el papel de la salud pública.
La calidad de un sistema sanitario no solo se mide por su infraestructura, sino también por su capacidad para proteger la dignidad humana.

«La grandeza de un país no se mide por la altura de sus monumentos, sino por la profundidad de su humanidad.»


Porque cuando un enfermo muere sin recibir la atención que necesitaba, no solo se apaga una vida. También queda una pregunta dirigida a la conciencia de todos. Y esa pregunta es terrible por su sencillez:

¿De qué sirve que una nación presuma estar construyendo el futuro, si en el presente no es capaz de cuidar la vida de quienes esperan llegar a él?


🦦 Huroneo

Hurón reportero documentando un hospital deteriorado entre expedientes, medicamentos y una lona desgastada de IMSS-Bienestar en una ilustración editorial sobre la crisis de la salud pública en México.
El personaje de Huroneo recorre las huellas de la crisis sanitaria para documentar las carencias, el desabasto y los desafíos que enfrentan millones de usuarios del sistema público de salud.

Nuestros funcionarios de la secta del Embustero son unos genios, encontraron la cura para todos los males: negar la enfermedad, maquillar los hospitales y recetar discursos.

Lástima que todavía no inventan una medicina contra la soberbia.

💙 Remate de Huroneo

«Porque mientras ellos salvan su imagen, los enfermos esperan que alguien les salve la vida.»


🌎Fuentes consultadas

https://imssbienestar.gob.mx/

https://web.diputados.gob.mx/


📖 Artículo anterior de Bitácora de la luna

https://laevidencianews.com/arquidiocesis-de-puebla-cambio-de-pastor-o-de-epoca/

Arquidiócesis de Puebla: ¿cambio de pastor o de época?

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