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Por Nakachi

Pluma Libre… La autocracia avanza (II)

En un encuentro futbolístico, disputan el título del campeonato de la Liga local los equipos A y B. El improvisado campo de la Unidad Deportiva está a reventar. El evento deportivo congregó a cientos de personas de las colonias populares aledañas. Por lo que está en juego, la Liga ha dispuesto del auxilio de la Seguridad Pública.

Incluso se sumaron elementos de la Guardia Nacional ya sin pudor alguno realizando labores que otrora fueron asignadas a los civiles.

El equipo A va goleando al equipo B por abultado marcador de siete a uno. Los jugadores del A, se saben campeones y solo esperan el silbatazo final. Faltan diez minutos para que se termine el encuentro.

En  el banquillo del equipo B no dejan de escucharse repetidas desaprobaciones al árbitro central de parte del entrenador. Ante la impotencia, los del B comienzan a jugar de forma temeraria y con brusquedad, actitud que provocó que les expulsaran a dos jugadores en menos de cinco minutos. Se respira un ambiente de tensión.

De pronto, en el equipo B se da una conspiración sistemática entre entrenador y jugadores que para justificar su derrota, buscan un culpable. Para boicotear el partido, trazan un plan siniestro: provocar al rival y a todos los espectadores hasta  generar tal violencia en el partido que detone en una campal espectacular. Total, si no van a ganar en la cancha, también van a evitar que el otro equipo gane a la buena.

Las víctimas no necesitaron esforzarse mucho pues vieron en la terna arbitral al culpable de su fracaso. De momento, el líder de la escuadra asume su papel con desparpajo y da semejante zancadilla por detrás a un rival.

El árbitro erguido marca la falta y sanciona disciplinariamente con una roja directa. El agresor se va contra el árbitro y sin decir agua va, le tira un puñetazo en la cara.

Se hace la trifulca entre los presentes. Los del A se abalanzan contra el rival en auxilio del árbitro agredido. Los colegas del árbitro corren a su auxilio. En un abrir y cerrar de ojos, todo está hecho un caos.

Envalentonados y en bola los agresores, increpan a la terna arbitral: “¡Ya ven pinches árbitros, lo que provocan?”

Unos auténticos perdedores, revoltosos dispuestos a lo peor.

¿Verdad que le parece exagerada la anterior situación hipotética?

Utilicémosla para ilustrar y explicar lo que intenta el presidente López Obrador en el contexto de su farsa de revocación de mandato. Si le pareció exagerada la anterior situación hipotética, lo mismo decimos de la propuesta del presidente de México en reformar al INE.

Volvió a rebasar otra frontera y cuando se lanza contra los consejeros del INE hay que tomarlo en serio porque si este aspirante a autócrata puede hacerlo lo hará, de eso ya no cabe la menor duda.

Lo que hasta hace unos meses parecía un escenario donde el presidente y su equipo iban ganando por goleada en la cancha política, algo sucedió que la inexorable y cruda realidad ha imperado que en la adversidad, está dispuesto a generar cualquier tipo de crisis y llevarla hasta sus máximas consecuencias.

Diremos tres situaciones.

El presidente y el  INE

No nos podemos engañar, el presidente se ha despojado de toda máscara democrática y ha lanzado a sus corifeos la emboscada contra el INE. En su limitada visión ―para el titular del ejecutivo que eligió la democracia en 2018―, no hay un tema donde fije su atención hasta la obsesión como es el político.

Es un hombre de obsesiones. No es accidente que haya invertido tantos lustros en campaña para llegar al poder. Ya que lo probó, se ha vuelto adicto a éste. Se revuelca en él y no piensa ni está dispuesto a que se lo arrebaten, aunque haga trampa y viole toda regla, luchará por conservarlo en todo momento.

En su borrachera de poder, está lejos de poner un pie en la realidad. De modo que si la práctica hace al maestro, estamos ante un animal político, muy bueno para la campaña. Para gobernar…  dejemos que lo juzgue su trabajo.

Su propuesta del pasado veintinueve de marzo sobre reformar la Constitución para garantizar la democracia nombrando a los consejeros del INE y magistrados del TEPJF por medio de elección popular es absurda por donde se le vea. Como dicen por allí, seguro el presidente aplicó la de quien quite es chicle y pega. Esperemos que no pegue.

A estas alturas, de tanto espetar mentiras, se le ha ido agotando el discurso que lo hace ya un funcionario predecible. El presidente lo que pretende es capturar al INE y TEPJF para ser juez y parte.

A él que le gusta tanto acudir al pasado, quiere unas elecciones como las que se celebraban cuando fue militante del PRI (1976-1988) y el partido hegemónico corporativo arrasaba. La fórmula era simple: las organizaba la Secretaría de Gobernación.

El presidente y la democracia

Después de la reforma política de 1976 y la crisis electoral de 1988, fue la oposición la que fue diseñando las nuevas reglas de competencia. Como sostiene el maestro Macario Schetino, lo cito:

México tiene una brevísima historia democrática. En mi opinión, sólo ha existido desde 1997, y creo que desde 2018 el deterioro ha sido constante, como ya lo reflejan mediciones externas. No estamos solos en ese derrumbe, desde 2014 es muy claro el retroceso democrático en el mundo.

En nuestro caso, con tan poca experiencia, el golpe puede ser mucho más severo, y convertirse francamente en la restauración autoritaria que desde hace tiempo hemos comentado en esta columna (Schettino, 2022).

Así, en 1997 militantes del viejo PRI en la versión del PRD comenzaron a gobernar el otrora DDF. Ese grupo es el que hoy devenido en Morena ha hecho de Ciudad de México su bastión político. No es fácil para ellos digerir su derrota en las urnas del pasado junio de 2021. Saben que hoy mismo perderían esta entidad. Es comprensible el porqué tanta rabia hacia los alcaldes de oposición.

La inercia que se fue construyendo permitió que se diera también la alternancia pacífica en el gobierno federal. Y en 2012 de nueva cuenta regresó el PRI al poder. Ha sido tan benévola esta democracia en ciernes que en 2018 permitió que llegará López Obrador a Palacio Nacional.

Si en este país alguien se ha beneficiado de la naciente democracia, ese ha sido Andrés Manuel López Obrador, mismo que hoy intenta dinamitarla. Es como si Hugo Sánchez que ganó cinco Pichichis con el Real Madrid ensoberbecido un día nos dijera que no vale la pena exportar jugadores a España porque es una liga mediocre y sin competitividad.

Que es mejor dejar que nuestros jugadores no salgan de México porque aquí sí se práctica un fútbol de primer nivel, no como los mediocres y timoratos españoles. ¿Se imagina?

El presidente y la revocación de mandato

En los últimos días hemos sido testigos de cómo aun contra la misma ley que regula estos actos, el país está tapizado de propaganda para que la gente vaya a votar el diez de abril. ¿De dónde salen esos recursos y quién los financia?

Tras bambalinas el hombre que habita Palacio Nacional, se deleita en la ejecución de su trampa para que los cándidos, corifeos, fanáticos y cómplices caigan al precipicio y la revocación dé un vuelco hacia la ratificación.

Este es el proyecto de fondo. Ya como plan b, utilizarlo de mecanismo de extorsión política al próximo presidente, “o te pliegas a mis caprichos o muevo todo el aparato de revocación para moverte del cargo”. Como sea, por donde sea gana el actual presidente, lo que necesitan son votos para legitimar el plan siniestro.

Asómese a las redes sociales, sobre todo Facebook  y lea los comentarios de los seguidores del presidente. Hablan, promueven, exclaman, exigen la ratificación del presidente. ¿Y la Constitución que protestó guardar y hacer guardar el primero de diciembre de 2018 ante el Congreso de la Unión?

Eso de respetar la Ley  es lo de menos, para que lo distraemos con nimiedades. Ya lo ha dicho él tan limitado como cualquier ser humano pero que se siente Él: “Ya no me pertenezco, yo soy de ustedes.”

La cosa está clara en estos términos. Si usted vota no se irá. Si vota, genera un precedente para que no se vaya el primero de octubre de 2024. Ahora, seamos serios, aun perdiendo, ¿usted cree que este animal político se despedirá del pueblo de México con las golondrinas en su arenga del lunes once de abril? No seamos ingenuos.

Lo mejor ese día es votar con nuestra ausencia en las urnas y asumir el compromiso de verdad el domingo siete de julio de 2024.

Desde que asumió el poder, el presidente se ha encargado de dividir al país. A diario atiza la polarización. Es el aditivo que necesita el populista aspirante a autócrata para generar crisis y en ésta, él como “redentor” combata a sus enemigos inventados. Están desesperados.

En el fondo vaticinan su fracaso en este juego donde pese a tener una oposición mediocre y pasmada dispuesta a hacerse de la vista gorda, la clase media que no depende de las dádivas presidenciales, sí quiere defender y llevar el juego a tiempos extras o tiros penales hasta construir un país de instituciones.

Algo que no considera el grupo en el poder, es que si bien los votaron treinta millones de ciudadanos, esos no constituyen la nación mexicana. México es un país de casi 130 millones de personas, con grupos pluriculturales, con tradiciones, usos y costumbres diversas.

Es esta diversidad la que constituye la riqueza de nuestra cultura. No somos el país que el presidente cree asumir y al cual dividió entre liberales y conservadores; o estás con la “transformación” o contra ésta.

El pasado dos de abril, sucedió algo inédito en este país. El titular de Gobernación, junto con militares se prestó para promover un evento de proselitismo populista violando toda ley, que lo hace ilegal.

Lo hizo, dijo Adán Augusto López, con anuencia del presidente y bajo la complicidad del Comandante General de la Guardia Nacional, Luis Rodríguez Bucio. ¿Así o más claro que están dispuestos a todo?

Para rematar, regresó al escenario hipotético de fútbol.

Imagínese que el dueño del equipo B, amenaza al presidente de la Liga con pistola en mano junto con la complicidad de la Seguridad Pública y los oficiales de la Guardia Nacional para que en la mesa, su Tribunal de Penas y Sanciones, falle a su favor responsabilizando al equipo A por la violencia en el partido.

Por cuidar su integridad, el presidente de la Liga, decide con miedo y mueve todo para que el campeón sea el equipo que iba siendo goleado. De ir perdiendo, a fuerza de extorsión y amenazas, el equipo B es el nuevo campeón por decreto.

Antes del triunfo en las urnas de López Obrador, muchos señalamos del peligro que resulta para la democracia por sus conductas autoritarias y opacas como funcionario siendo jefe de gobierno del DF.

Algunos se mofaron y socarronamente llegaron a decir que hablábamos porque perderíamos privilegios y toda esa propaganda que a muchos ha ideologizado hasta el tuétano. Muchos aun también han renunciado a pensar para dejarse seducir por el canto de un demagogo que si llegó por la vía democrática, por esa vía tendrá que irse.

No podemos pecar de ingenuos, más que en otro tiempo, vivimos la permanente amenaza a lo que queda de la democracia. El titular de Gobernación sin empacho ya nos mostró sus cartas y cuál es el plan de fondo con la Guardia Nacional.

Como sabemos, en la historia humana, la realidad suele superar a la ficción, a estas alturas de la gestión devastadora de López Obrador ya no estamos lejos de volvernos Venezuela del Norte, el balón sigue rodando en el terreno de juego mientras la autocracia avanza.

Referencias

Schettino, M. (18 de febrero de 2022). El Financiero. La realidad. Recuperado el 2 de abril de 2022, de https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/macario-schettino/2022/02/18/la-realidad/

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