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Pluma Libre… Contraste del presente y pasado mexicano.

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Por Nakachi

Contraste del presente y pasado mexicano

 

Recién conmemoramos los quinientos años de la caída de Tenochtitlán. Celebración que cayó como bocanada de aire al régimen del presidente López Obrador, pues en medio del desastre en el que ha metido a este país, su arraigado nacionalismo estatista embona a la perfección para aprovechar la coyuntura y pisar el acelerador a la narrativa demagógica sobre el indígena oprimido y el conquistador salvaje que todo destruyó. En términos políticos sabemos que los funcionarios no tienen pudor y con desparpajo mienten para manipular a esa figura abstracta que atinan en llamar y representar “pueblo bueno y sabio”. Mas, en términos históricos, el oficio obliga a ser más rigurosos. Al respecto don Luis González y González, decía: “El estudioso del pasado impasible y sacón, sin amores y odios, ni es posible ni es deseable. Solamente podemos hablar de historia cuando la sentimos; los matemáticos no se emocionan con los catetos; los historiadores sufren y se alegran con los hombres” (González, 2004, pág. 31). Cuesta mucho mantenerse al margen de lo que sucede en este México convulso de siglo XXI.

 

Erramos en nuestra interpretación de la historia con ojos del presente, por razones naturales del tiempo: no son las mismas condiciones, la misma moral, las mismas visiones, las mismas sociedades e incluso, las mismas personas. Decía el historiador francés Marc Bloch, que más que a sus padres, el hombre se parece más a su tiempo. Si queremos ser rigurosos en el estudio del pasado, debemos sumergirnos en ese pasado, conocerlo, disertarlo y al final interpretarlo con los instrumentos que tengamos a la mano: testimonios, documentos, archivos, entrevistas.

 

Dicen que no hay mal que por bien no venga, una bondad de la pandemia es que nos ha permitido tener más tiempo para gozar de la lectura, como no lo recuerdo en otro momento de mi vida. Traigo a la mesa, a tres constructores ideológicos de la nación mexicana. Todos ellos contemporáneos, pero con visiones distintas sobre la formación de un Estado, como son Lorenzo de Zavala (1788-1836); José María Luis Mora (1794-1850) y Lucas Alamán (1792-1853). Disertaremos sobre sus diferencias, sus coincidencias, su visión del pasado.  Comparto la idea de mi maestro, José Manuel Villalpando César, cuando afirma que, al hablar de Historia, se debe de aportar el sentido de contemporaneidad, para así, extraer el conocimiento del pasado que nos permita comprender el presente, y en consecuencia, tener herramientas para el futuro. Es ineludible preguntarnos ¿qué enseñanza histórica podemos extraer de estos pensadores decimonónicos para aprender de sus ideas y aplicarlas en el México de siglo XXI?

 

        Si observamos las fechas de nacimiento de Zavala, Mora y Alamán, fueron tan contemporáneos, pero tan distintos a la vez. El primero de línea liberal, lo mismo que el sacerdote Mora; en Alamán vemos su marcada tendencia hacia el conservadurismo y su visión centralista. No es como hoy se utiliza el término desde el poder, en una visión maniquea; o de historia de blanco y negro. Si no que eran dos formas de concebir un Estado, dos opciones, dos propuestas. Coinciden en un punto: fueron hijos de su tiempo y les tocó este momento paradigmático de nacimiento de lo que hoy llamamos Estado Mexicano. Fieles a la tradición decimonónica, estos hombres fueron todólogos, pues lo mismo eran funcionarios, filósofos, periodistas, que se daban el tiempo de escribir historia y disertarla.

Cuesta trabajo digerirlo con ojos del presente, pero cómo ponernos en el lugar de estos hombres del pasado, que siendo adultos, su “patria” en la que nacieron, simplemente desapareció o se transformó en un ente distinto. Pero aún más, desde sus circunstancias pusieron su granito de arena en su construcción. Los hombres contemporáneos no vivimos ese sentimiento de desprendimiento, como definen en la película Huérfanos (Schyfter, 2012), los hijos que nacieron sin patria, como fue el caso de estos próceres del diecinueve, pero nacidos a finales del dieciocho.

 

Llama la atención las diferencias ideológicas y en consecuencia, sus posturas sobre escribir historia. Zavala, un hombre de padres españoles, criollo nacido en Yucatán, tuvo la posibilidad de ser funcionario, como diputado, gobernador del Estado de México (el más importante a la sazón), vicepresidente de la república de Texas. Quedó fascinado por el liberalismo norteamericano. No profundizaré en su faceta política, sino en su forma de escribir historia. Zavala nos dejó sus dos obras fundamentales: Ensayo histórico de las revoluciones de México desde 1808 hasta 1830 y Viaje a los Estados Unidos del Norte de América. Cito sus palabras: “Para rectificar varios errores en que han incurrido los que hasta ahora han escrito acerca de los importantes acontecimientos políticos de aquel país, posteriores al año de 1808” (Teresa, 2019). En parte su obra está motivada para justificarse en el presente, pero también tuvo claro que había que escribir para explicar hacia el futuro. Vemos en Zavala un historiador con rigor, cuida sus fuentes y habla de la imparcialidad en la que debe de moverse el científico. Lo cito de nuevo: “Lo que esto prueba cuando mucho será que no fue noble el principio que dio motivo a esta acción, lo cual no pertenece al historiador averiguar. Referir el hecho tal como ha acaecido es lo que debo hacer, y presentar los sucesos desnudos del colorido que dan las pasiones” (Teresa, 2019). Para Zavala es fundamental dar a conocer a los principales personajes de los acontecimientos, lo cito en el texto: “Para que se pueda formar juicio exacto sobre la conducta de estos jefes” (Teresa, 2019), pero es contradictorio y los colorea, los presenta con tono subjetivo y de su mucha imaginación pues fue un ávido lector de los clásicos. Al poco tiempo de pérdida la guerra con los tejanos, éste que quedó imbuido con la influenza del liberalismo gringo, morirá en 1836. Como sabemos no fue hasta diez años después que Tejas se convirtió en Texas y “voluntariamente” se anexó como un estado más de la unión americana. Ya no le tocó a Zavala verlo con sus ojos, pero sin duda, hubiera estado feliz.

 

Veamos el caso del padre José María Luis Mora. A mi gusto, un pensador poco conocido. Hombre de su tiempo y del clero, intelectual, tuvo el orgullo de no regresar a su patria por convicción. Murió en el exilio. Algo que es necesario destacar para comprender la obra de estos “huérfanos” fue que fue un momento de rompimiento con las ideas seculares dominantes en la época, donde el hombre pasó a posicionarse como centro del universo. Esto nos ayuda a entender por qué del liberalismo (a la mexicana), de la secularización de los bienes eclesiásticos, de la necesidad de generar una clase media (al estilo europeo). A Mora le tocó el tiempo de la Ilustración. Extrajo las ideas europeas, pero vio necesidad de irlas tropicalizando al México que nacía a la luz pública con pañales de libertad.

 

Mora, además de ser abogado, también incursionó en el oficio del periodismo. Nos dejó su obra historiográfica México y sus revoluciones que escribió entre 1833 y 1834. Fue muy fuerte en sus publicaciones y esto le trajo problemas. Cito el epígrafe en El Indicador de la Federación Mexicana: “Las tempestades de la libertad son preferibles a la tranquilidad sepulcral de la servidumbre” (Briseño, Laura, & Suárez, 2014). A Mora lo marcó la situación convulsa del país que le tocó vivir. Destacó por ser un reformador social intelectual. Desempeñó muchos cargos públicos, pero presionado por problemas, tuvo que vivir en el exilio, donde murió en 1850.

Pasaremos a ver a un pensador distinto, un hombre conservador como lo fue Lucas Alamán. Su posición conservadora le generó problemas con sus contemporáneos. En su interés historiográfico, deja claro que no le interesa conocer el pasado prehispánico, si acaso lee a Clavijero, lo cito: “…Sólo para precisar el número de víctimas sacrificadas anualmente por los aztecas; igual pasa con la obra de Sahagún” ( (Plasencia, 2019). Alamán aporta una visión distinta del pasado. Tuvo mucha influencia de Prescott. No le interesa el pasado prehispánico, sino da cuenta de un pretérito repasando la historia europea previa a la llegada de los españoles. Contradictoriamente esto es un punto de quiebre con Prescott, que se obsesionó en el pasado nahua. Se adelanta a su época y le interesó estudiar las tradiciones de los pueblos, sus monumentos, sus canciones, pues decía que reflejaban su cultura. Ya daba visos de lo que más tarde sería la escuela de Annales y tener una visión de escribir la historia bajo un modelo multidisciplinario. En Alamán vemos rasgos de estudios antropológicos, pues reconstruye ciudades (como la de México); se hace de testimonios, entrevista, va a los lugares a hacer visitas de campo, pero también fue un historiador riguroso: se apoya de los archivos que tuvo acceso en el colegio de San Ildefonso. Su posición de funcionario seguro la aprovechó para poder acceder a ese material privilegiado y estudiarlo para documentarse.

 

Le dio un enfoque distinto a la forma de escribir historia. Quedó fascinado con la figura de Cortés, a quien justificó y ensalzó en todo momento como el gran héroe y constructor del estado mexicano. Sin temor a equivocarme, y haciendo gala de la imaginación, en el México actual, lo lincharían mediáticamente. Ese fue Alamán, quien seguro reposa radiante en el hospital de Jesús al lado de Cortés.

 

¿Qué enseñanzas históricas podemos extraer de estos pensadores decimonónicos para aprender de sus ideas y aplicarlas en el México de siglo XXI? Sin duda, imperó la visión liberal. Desde 1858 hasta nuestros días, vivimos bajo el modelo liberal (a la mexicana) de corte republicano federal democrático. El trabajo de estos hombres decimonónicos nos enseña que en historia nadie tiene la última palabra. De un hecho puede haber −como la hubo− visiones distintas de conformar una nación. Si esos hombres hubieran tenido el manejo de la tecnología como hoy lo gozamos, seguro la obra de Mora hubiera tenido mayor impacto, pues lo limitó la distancia geográfica y la imposibilidad de hacer llegar sus propuestas. Si Alamán hubiera tenido mayor impacto, sus ideas centralistas hubieran diseñado un país distinto al que hoy conocemos. Lo cierto es que, pese a las diferencias del siglo XXI, todos coincidiríamos en el fomento a la libertad, a la democracia, al ejercicio del voto y a ejercer nuestros derechos políticos.

 

En ese tenor, no vivimos tiempos ordinarios, padecemos tiempos de amenaza a la libertad. El proyecto del presidente AMLO lo ha dejado muy clarito, simplemente, hace unos días fuimos testigos del ridículo internacional que hizo su administración al recibir a dos de las dictaduras latinoamericanas; por un lado, la más longeva, la cubana y la más radical: la venezolana. Lo que pudo ser un escenario digno para ejercer el liderazgo latinoamericano en medio de la coyuntura de pandemia mundial y calentamiento global (temas de la conferencia internacional del CELAC 2021) se volvió el escenario que quitó la máscara al régimen obradorista.

 

Gracias a la todavía democracia en la que nos movemos, fue que el pasado seis de junio, evitamos en las urnas, otorgarle la mayoría calificada en el Congreso al presidente y su partido, y en consecuencia, tuvo que dar marcha atrás a su proyecto original de extensión de mandato. Legalmente ya está imposibilitado, pero mientras esté, el riesgo de un manotazo en la mesa es permanente. En verdad, cómo hacen falta pensadores del tamaño del diecinueve. En lugar de escuchar en una conferencia matutina presidencial a un Lord Molécula, Liz Vilchis, o “El Pirata”, preferiría escuchar la decencia de un Mora, Alamán, o el controvertido de Zavala. Queda pues, allí la riqueza historiográfica de estos pensadores para saber más de dónde vinimos.

 

Bibliografía

Briseño, L., Laura, S., & Suárez, L. (7 de abril de 2014). http://dx.doi.org/10.18234/secuencia.v0i01.85 .

González, L. (2004). El Oficio de Historiar. México, D.F.: Clío, Libros y Videos, S.A. de C.V.

Plasencia, E. (13 de diciembre de 2019). www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/317_03/historiografia_mexicana.html.

Teresa, L. (13 de diciembre de 2019). www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/317_03/historiografia_mexicana.html.

 

@Nakachi_Mx

 

 

 

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