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lunes, julio 22, 2024
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PERIODISMO CULTURAL EN TIEMPOS DE CUARTA / PILAR JIMENEZ

Periodismo cultural en tiempos de cuarta… transformación

CULTURA SOBRE RUEDAS
Pilar Jiménez Trejo / Cultura Sobre Ruedas

Periodismo cultural en tiempos de cuarta / #CulturaSobreRuedas

PERIODISMO CULTURAL EN TIEMPOS DE CUARTA / PILAR JIMENEZ

A finales de mayo me invitaron a las celebraciones por los 75 años de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, para participar en una mesa sobre «Cultura y Sociedad», la cuestión era hablar sobre este tipo de periodismo.

La Septién –no está de más recordar que es la primera escuela de periodismo en América Latina—llegaba a esas celebraciones bajo la batuta de su directora general, Analletzin Díaz Alcalá, quien desde 2022 se convirtió en la primera mujer en dirigirla; entonces México se aproximaba a una elecciones presidenciales en la que sin duda la ganadora sería una mujer, también por primera vez.

El país ha cambiado, y el periodismo de igual manera se transforma, en ambos casos hay claroscuros; por supuesto que es de celebrarse que sean mujeres quienes tengan a cargo la dirigencia; por otro lado es lamentable que quienes ejercemos esta profesión vivíamos quizá una de las peores situaciones laborales, económicas y quebrantables de los últimos 30 años, con desdén a la profesión y un presupuesto a la cultura cada vez más precario.

Ingresé a la Carlos Septién García en 1985. En la licenciatura éramos más de 70 en el grupo matutino, y en el vespertino había unos 50. Además existía la opción de cursar una carrera técnica en la estaban aspirantes a ser redactores y reporteros gráficos.

Estudiar periodismo, o como decidieron llamar a la licenciatura en otras Universidades, Ciencias de la Comunicación, estaban de moda.

La UNAM, la Ibero, la Metropolitana, la Salle, la Panamericana, Universidad Intercontinental… todas tenían una nutrida matrícula de estudiantes que aspiraban a ser reporteros para contar los sucesos de este país y el mundo.

Había entonces una diferencia con la Septién, nuestra aspiración era escribir sobre todo en la prensa escrita; los datos fidedignos y ética se predicaba en todas las universidades.

Algunos ya sabíamos que ingresábamos a estudiar una profesión indispensable en la sociedad, que el periodismo es un oficio que ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, «los juglares», como le gustaba repetirnos al profesor José Alfredo Páramo que nos impartió entre otras materias: redacción y ortografía o laboratorio de redacción; nos enseñó a distinguir y precisar el significado de cada palabra, y gustaba de narrarnos los conciertos de música clásica a los que asistía los fines de semana bajo la dirección de directores como Enrique Bátiz o Eduardo Diazmuñoz,( allí está su libro Allegro Molto. 60 Años de Anécdotas); también nos recomendaba a poetas como Tagore, del que destaco esta frase ideal para un periodista: «Hacer preguntas es prueba de que se piensa».

En esa aula tuvimos a otro tremendo profesor: Manuel Pérez Miranda, que nos enseñó los géneros periodísticos, cómo hacer una nota y el arte de la entrevista; conservo sus libros que son tan actuales como la Biblia para comprender la condición humana.

Un maestro de voz grave, seriedad y disciplina admirable con quien puedo jactarme, baile algunos pasos dobles en las fiestas de fin de curso. Varios años después tuve la fortuna de presentar su libro Cuentos del Barrio, y conocer su impecable prosa.

Fuimos alumnos de la poeta Dolores Castro, una de maestras más entrañables de México, y formadora de varias generaciones de escritores, que nos aleccionó en su amor por la vida y la literatura, nos adentro en el mundo de las metáforas, y en el esfuerzo de ser mujer, madre, profesional y al mismo tiempo feliz.

Quizá una de las primeras feministas mexicanas –sin proponérselo– que siempre respeto a los hombres y dignificó su compañía, para sacar adelante a una familia. Aceptaba que era una mujer dichosa.

En una entrevista me dijo: «Soy poeta, pero si me llega un verso y al mismo tiempo hay que cambiar el pañal al bebé, pues primero cambio el pañal y ya luego, si recuerdo, escribo el verso».

Estos profesores sin duda marcaron mi destino en el periodismo cultural.

Profesores que nos hicieron conscientes de que estábamos ante una profesión fundamental, no crucial como la medicina, que nos ayuda literalmente a vivir, pero sí parecida en las jornadas interminables, sin horarios, con disponibilidad a estar a cualquier hora del día o la noche, asistiendo a una tragedia o al nacimiento de un gran suceso, e indispensable para lograr discernir o emocionarnos.

No recuerdo quién nos dijo el símil del periodista con el médico, pero siempre lo tengo presente, porque también como los médicos, supimos que para un diagnóstico preciso, era necesario adentrarnos en una particularidad para poder escribir de una de las tantas especialidades del periodismo.

Tomar el tiempo para investigar, tener la certeza y experiencia de fuentes, el escrutinio para exponer los acontecimientos cotidianos.

La Septién entonces estaba en medio de muchos periódicos: frente a la Prensa, a un lado de El Nacional, a dos cuadras de El Universal y el Excélsior, a tres del Novedades, y a otras más La Jornada.

Desde el inicio me atrajo la fuente cultural, me parecía, y lo sigo creyendo y viviendo firmemente, un universo en el conocimiento del lenguaje, las formas, los sonidos, los movimientos, las palabras… Fue el profesor Pérez Miranda quien nos mandó por equipos a hacer una investigación en alguna de las distintas especialidades del periodismo.

Admiraba la sección cultural de El Universal y sobre todo a su editor Paco Ignacio Taibo I (PIT) el autor de ese simpático y entrañable Gato Culto, que decía frases tan vigentes como: Todo lo malo que nos pasó nos está volviendo a pasar/ Todos los libros son buenos, menos los malos/ Cada país tiene la verdad que se merece…

Propuse irlo a entrevistar, nos recibió amable y carismático, recuerdo que le pregunté: ¿Cómo se logra ser una persona culta? «Con los años, cada vez sabrás más, al mismo tiempo que nos damos cuenta de que sabemos menos, porque nunca dejaremos de aprender, si tu interés es aprender: con los años serás una persona culta, pero debes dedicar tiempo de lecturas, conciertos, funciones de danza, obras de teatro, visitas a museos y charlas con los creadores», respondió.

Ese mismo día me invitó a colaborar en la sección de El Universal, tenía miedo pero ganas de hacerlo, busque información para ir a la presentación de un libro: escuche la mesa, entrevisté al autor, y pasé toda la noche frente a la máquina de escribir.

Llevé la nota al día siguiente. Paco me recibió cálidamente y me mandó con Andrés Ruiz para darle mis ¡dos cuartillas!, otro hombre generoso y un periodista ejemplar que me hizo correcciones, seguramente menos de las necesarias para darme confianza, y así inicié en el periodismo cultural. A la semana siguiente me pagaron ¡60 pesos! por mi nota.

Entonces admiraba y veía cada noche el noticiero «Hoy en la Cultura» de Canal Once, el primer espacio de ese tipo en México, cada uno de sus reporteros, jóvenes avezados por disciplinas, cubrían literatura, danza, artes visuales, música clásica, rock, teatro… iba en tercer semestre de la carrera, y decidí hacer mi servicio social en ese espacio.

En esa redacción solamente había una mujer, Patricia Pineda que cubría danza, todos los demás eran hombres; se acababa de abrir una plaza, que debía ser para una mujer.

Hice una prueba, en la que no creo que haya aventajado a periodistas habituadas a las secciones culturales del Uno más Uno, la Jornada, El Día, El Universal o Excélsior… Pero me quedé yo, con un puesto fijo de reportera que contaría también para el servicio social.

Un puesto fijo, pero de honorarios, sin prestaciones, sin aguinaldo, sin vacaciones pagadas, sin antigüedad, sin servicio médico… algo que 35 años después sigue sucediendo.

Con la diferencia de que ahora la plantilla para estudiar periodismo o comunicación se ha visto drásticamente reducida, la Septién apenas conserva su matrícula matutina y cada año, desde hace seis, se va reduciendo más. Lo mismo sucede en las otras Universidades.

También ahora los salarios son cada vez más escasos; incluso en las dependencias se paga a mes cumplido o incluso cada tres meses; se contrata por año, o puede ser peor: se renueva contrato cada trimestre.

Los sueldos y las condiciones resultan miserables. Los periodistas freelance ahora somos denominados: «proveedores de servicios».

El periodismo en México siempre ha sido una profesión de riesgo, el sistema de seguridad ha fallado independientemente de los regímenes que se tenga, y la represión contra aquellos profesionales que se atreven a ser críticos e independientes suele ser una realidad.

Sin embargo, el periodismo cultural en México había gozado de épocas de cabal salud.

La cultura en México está al más alto nivel como en las grandes urbes del planeta y su contribución sigue creciendo, pero creadores y trabajadores viven crisis.

La mayoría del presupuesto de la Secretaria de Cultura (SC) este año será destinado a mejorar las zonas arqueológicas alrededor del Tren Maya, y casi un seis por ciento al Complejo Cultural Bosque de Chapultepec.

Sin considerar el cálculo en favor de estos megaproyectos, el presupuesto de 2024 de la SC equivale a solo 12,715 millones de pesos, por debajo de lo que se destinaba hace 6 años.

Los recortes en Cultura no paran y se favorece a las zonas de la cultura de masas, y sobre todo si se trata de algo prehispánico, indígena o nacionalista, mientras se restringe el presupuesto en áreas que se consideran de «la alta cultura».

El actual gobierno inició con un rudo recorte a la cultura, y las agresiones verbales cotidianas del presidente Andrés Manuel López Obrador contra periodistas y medios, que no le son afines, resultan desmedidas.

Esto también incluye al periodismo cultural y a la cultura como sistema.

Como plantea Michel Foucault en su libro Vigilar y castigar –donde denuncia de los excesos del poder– la vida cotidiana laboral del periodista cultural en México también se ha visto coartada en lo general, porque hay un cierto control y coacción que condicionan la estabilidad laboral ante una acción que, debería ser tomada de manera libre y en cambio veladamente, empuja a un apoyo casi obligatorio a un partido político o a una ideología.

Vigilancia, coacción o condicionamiento: el castigo ante el periodista que se mantiene independiente y crítico es la degradación salarial y laboral.

La situación es un real peligro laboral por la fragilidad e inestabilidad que se vive en un sistema de represión y castigo; colegas que laboran en espacios culturales del Estado están conscientes de esto, algunos han optado por la prudencia de no ejercer la crítica para conservar sus trabajos; incluso aceptar contratos que deben renovarse cada tres meses, sin ninguna prestación ni antigüedad; recibir su pago terminado cada mes laboral o incluso cada trimestre.

Medios estatales dedicados a la cultura ahora suelen ser espacios de información como voceros del gobierno, algunos canales culturales tienen ahora programas de sátira política que arremeten contra quien exprese opiniones distintas al gobierno.

El periodista Gerardo Ochoa Sandy, en un artículo aparecido en Letras libres, resume muy la situación de la política cultural de este gobierno: «Si hay una metáfora que explica al gobierno federal de la Cuarta Transformación en su conjunto y, en consecuencia, a su política cultural es la del Tren Maya.

En el sexenio que concluye, se taló la infraestructura cultural, se arrojó cemento sobre las industrias culturales, se demolieron las secretarías y los institutos de cultura de las entidades, se cavaron las fosas de los fideicomisos autónomos, los festivales y espacios independientes, se bombardearon los pilotes que fomentaban la creación artística.

Además, el Ejército, que construye el tren, avalado por el INAH, convirtió en escombros zonas y sitios arqueológicos, se apropió de la madera de los árboles cuyo destino se desconoce, pulverizó el tejido social de comunidades indígenas y acrecentó la posibilidad del saqueo y el mercado negro de piezas arqueológicas (…) Por cuestiones de seguridad nacional, se ocultó el costo final».

Gabriel García Márquez dijo: «Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo», comenzamos a dudarlo, y nos veremos obligados a migrar a otros formas de vida si la situación no cambia con la virtual presidenta electa que, como en la administración actual – la Secretaría de Cultura lamentó el fallecimiento del payaso «Cepillín» que dedicó su carrera al público infantil–, pone en el mismo saco a la cultura, al deporte y a los espectáculos. Y no, por suerte o no, no somos lo mismo.

https://culturaenbicicleta.com/

https://twitter.com/JtPilar

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