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LA FRUSTRACIÓN MEXICANA

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LA FRUSTRACIÓN MEXICANA, EN PLUMA LIBRE 

NAKACHI

La Opinión de Rolando Nakachi

La “Frustración Mexicana

SELECCIÓN MEXICANA

En medio de tanta polémica política y deportiva, por fin comenzó la Copa del Mundo FIFA Qatar 2022. Qué ironía, el máximo organismo del balompié mundial se distingue por su generosidad al construir esquemas que ponderan lo económico no lo deportivo. Ya sabemos de dónde adquieren malas mañas nuestros federativos mexicanos.

En consecuencia, y ante la oferta,  a diferencia del ciclo mundialista pasado, de la mano del argentino “Tata” Martino, a tierra catarí el seleccionado nacional mexicano consiguió su boleto caminando. El destino quiso que fuera parte del grupo C, junto con Argentina, Polonia y Arabia Saudita.

La cosa se pone de alto grado de exigencia porque de pasar a la siguiente fase, toparía con los miembros del grupo D: Francia, Australia, Dinamarca y Túnez.

Para este momento donde la moneda está en el aire, vale la pena jugar con las especulaciones sobre lo que será esta justa mundialista para México. Para vaticinarlo, me apoyaré con lo que se  puede: el papel mexicano durante los mundiales pasados.

Eso nos ubicará dónde estamos parados y en consecuencia, hacia dónde iremos cuando termine la fiesta futbolera de Catar.

Veamos.

Los protagonistas de la justa mundialista lo tienen claro,  arribaron a Catar con objeto de ser los campeones de la competición. No tienen de otra sopa. México no forma parte de ese grupo ecuánime.

En nuestro país las maromas mediáticas de nuestros analistas deportivos, más nuestros propios demonios han hecho una madeja gigante que restringe el camino hacia el triunfo.

Tan enorme es el obstáculo que nos resulta pecaminoso aspirar al título del mundo. Miembros del bloque tercermundista, aspiramos solo a pasar al quinto partido. Tanto que el entrenador que lo logre, será elevado a los altares cívicos-deportivos como el nuevo prócer de la patria. Así nuestro nivel de mediocridad.

En parte, así se lo enseñaron a nuestros abuelos, éstos a nuestros papás y si no hacemos algo por romper con la “maldición”, seguro se lo heredaremos a nuestros hijos. Alguien tiene que romper con esta inercia de mediocridad que nos persigue por los siglos de los siglos.

La fiesta del fútbol mundial ha comenzado a todo lo que da. La sorpresiva derrota de Argentina ante los millonarios árabes, solo comprueba lo que todo el mundo sabe: Messi es de otro planeta, menos de Argentina. Amén de la derrota alemana ante el Japón, los teutones resilientes a la adversidad, el tropezón los fortalecerá.

España, goleando con personalidad, desde hace buen rato se sacudieron el fantasma del derrotismo y  pelearán por su segunda copa del mundo. Con el belo jogo brasileiro y el golazo de chilena del joven Richarlison a los serbios, la verdeamarela nos hace soñar en grande a todo el mundo, más cuando evocamos que ya son veinte años de no brillar en una copa del mundo.

El resto, Francia, Inglaterra, Portugal y CR7, todo en orden.

Pasemos a revisar a los nuestros. Aprobados de panzazo en su compromiso contra el país noble y siempre sufrido que vio nacer a Lewandowski, nos dejan la evidencia de que la línea que separa a la gloria del infierno es muy delgada.

Si tuviéramos que medirla en distancia, once metros hacen la diferencia. De meter el gol el polaco, no pasaría nada y a crucificar al árbitro. Pero erró y le dio el boleto de pase directo al Paraíso a un Memo Ochoa que lo mismo hoy pudo ser héroe y mañana un villano.

Pero por mucho que nos distraigamos con la hazaña del guardameta, lo cierto es que México llevó una delantera balín. Ni Henry Martín, “Chuky” Lozano (que no apareció) o Raúl Jiménez, han demostrado tener las tablas y los cojones para hacerse presentes en la portería rival.

El fantasma de los “ratones verdes” se asoma como maldición.

Después de doce años, el fútbol le dio la revancha al cuadro mexicano contra la albiceleste. Se verán las caras este sábado 26 de noviembre.

Con una Argentina dolida por la derrota ante los árabes, los comandados por Messi no tienen más que ganar a México y convencer a todos que no fueron de paseo a Qatar 2022.

México, además del rival, en un acto de masoquismo al estilo del “Pipila”, sigue cargando una loza en su espalda por el pasado.

Tres son los espectros que nos atormentan en nuestra historia reciente. Que seguro este sábado rondarán la cabeza de nuestros seleccionados.

  • La Copa América de 1993 en Ecuador. Partido cerrado pero Batistuta le dio el triunfo a los argentinos. Benjamín Galindo, mexicano de otra estirpe, pegándole a la pelota con la personalidad que lo distinguió, empató desde el manchón de los once metros.
  • Alemania 2006. Quizá una de las derrotas más dolorosas ante los sudamericanos. México dominó, los tuvo a tiro de piedra para dar el tiro de gracia, pero tuvieron miedo al triunfo.
  • En los tiempos extras, quedó para la posteridad el fierrazo de Maxi Rodríguez con la zurda para vencer a Oswaldo Sánchez.
  • Pero también hay que decirlo, minutos antes, el “Kikín” Fonseca tuvo a bocajarro la meta de Abbondanzieru pero de nuevo, igual que el “Matador” Hernández en Francia 98 contra Alemania, cuando la tuvo en su poder, no se atrevió a ganar. Por traumas no paramos.
  • Sudáfrica 2010. Aquí ni las manos metió México. Si bien, el primer gol de Carlitos Tevez al minuto 26 fue precedido de un fuera de lugar.
  • Luego la pifía de Ricardo Osorio al 33’ hicieron que en siete minutos los argentinos liquidarán el encuentro. De nueva cuenta, a echarle la culpa al árbitro porque somos incapaces de remar ante la adversidad.

Dice el entrenador español, Pep Guardiola que no pide nada en especial a sus jugadores, solo que hagan lo que saben y que sea atrevidos, porque sin atrevimiento, no se sacan adelante los partidos importantes.

Por lo que presentó ante Polonia nuestra selección, se ve que no saben qué cosa es el atrevimiento. Se mostraron como los conocemos: dubitativos, narcisistas ante la cámara, con ese ridículo nacionalismo al entonar el Himno Nacional pero en el terreno de juego jamás hubo quién se atreviera a hacer la diferencia.

Como deseo estar equivocado y tener que decir: me equivoqué en ser ave de mal agüero con nuestra selección, pasaron la barrera autoimpuesta del quinto partido y fueron más allá, hoy son dignos campeones del mundo.

Pero no podemos ser ilusos. Esta selección −si bien le va− volverá a calificar a la siguiente fase y en el cuarto partido ya sea con el que le pongan: Australia, Francia, Dinamarca o Túnez, de nuevo tropezará con su pasado.

Nadie toca el punto de raíz. Los federativos que llegan a dirigir los destinos del fútbol mexicano, padecen del mismo mal que nuestros políticos: nadie tiene la generosidad para pensar al largo plazo.

No se ha podido ser capaz como nación de vincular y convocar a un proyecto de nación que trascienda cualquier sexenio. La mezquindad es mucha. El mismo mal lo padece el fútbol. Al ponderar lo económico sobre lo deportivo, todo se decide en virtud del próximo mundial y nadie ha planeado más allá.

Tal y como lo han hecho otros países: Corea del Sur, Portugal. Uruguay, España, EE. UU. Sus resultados hablan por sí solos. Nosotros vamos a la inmediatez y de ese hoyo no solo no salimos, no queremos y lo que es “pior”, ignoramos que lo padecemos y vamos por nuestra zona de CONCACAF, arrogantes. Así no se puede.

¿Qué esperar de Qatar 2022? Siendo realistas: nada nuevo. Seguiremos atrapados en ese castigo digno de la mitología griega.

Ilusionarnos ante la parafernalia mundialista, depositar todas las expectativas en el tricolor de que ahora sí esta será la buena; para de nueva cuenta, frustrarnos, enojarnos, y conformarnos con el “ya merito” ganamos.

Y así, volver a regresar para prepararnos con la ilusión de que en el mundial de 2026, donde seremos locales, ahora sí llegaremos al quinto partido. Esa es la “Frustración Mexicana” de cada cuatro años.

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