ENTRE EL ENGAÑO Y LA COMPLICIDAD SOCIAL, LA FARSA DE LA JUSTICIA

04/04/2025
Entre el engaño y la complicidad social, la farsa de la justicia / #Dimittis
El proceso de elección de jueces y magistrados que impulsó el demagogo que según ya se fue, no es más que otro montaje en la larga lista de farsas a las que nos ha acostumbrado este régimen de engaño.
Se presenta como un avance democrático y un triunfo de la justicia popular, pero en realidad es un intento burdo de consolidar el poder político bajo el disfraz de una participación ciudadana inexistente. Todo en nombre del “pueblo”
Siguen la máxima de Camus: “El bienestar del pueblo ha sido la excusa de los tiranos”.
Las mentiras del líder de la secta y expresidente de México se han vuelto parte del paisaje cotidiano, diluyendo la verdad en un mar de palabras que pretenden seducir a los incautos.
No olvidemos la “rifa” del avión presidencial, que no rifó el avión, pero sí generó un espectáculo mediático. Fue un truco burdo, un ilusionismo político que ocultó el fracaso de una promesa imposible.
Luego vino la tragedia sanitaria: el sistema de salud que sería “como en Dinamarca” jamás llegó a concretarse.
En cambio, el país acumuló miles de muertos en la pandemia mientras el discurso oficial seguía proclamando victorias inexistentes. Las palabras se volvieron un escudo contra la realidad, y la desinformación, una herramienta para eludir la responsabilidad. Por eso el ataque al periodismo libre.
¿Y qué decir del aeropuerto de Texcoco? Una obra de infraestructura vital para el país, cancelada sin razón técnica, pero sí con un fuerte contenido ideológico. En su lugar, un aeropuerto que pocos usan y que representa el capricho de una visión política que castiga el progreso en nombre de la “austeridad republicana”.
Pero quizás el golpe más bajo y perverso se dio en el ámbito educativo. Era necesario inocular y manipular el pasado para controlar el presente y seguir echando sal a la herida de la Conquista, promoviendo el resentimiento hacia España y perpetuando el discurso del agravio histórico.
Así nació la Nueva Escuela Mexicana, un bodrio ideológico diseñado para moldear las mentes de los niños bajo la lógica de la sumisión al poder. No se trata de educar, sino de adoctrinar, de garantizar que las futuras generaciones no protesten contra el gobierno que los manipula desde la infancia.
Por eso fue crucial cooptar a los jóvenes con becas, comprando conciencias antes de que desarrollen pensamiento crítico. El objetivo no es formar ciudadanos conscientes, sino súbditos obedientes que, seducidos por el asistencialismo, perpetúen la narrativa oficial sin cuestionarla.
Buscan que cuando el joven piense y exija, su cerebro les haga corto circuito contra el benévolo régimen que les ha “regalado” todo. Una autentica perrada para las futuras generaciones.
La posverdad es el lenguaje del obradorismo: se impone una narrativa en la que el líder siempre tiene razón, aunque los hechos lo contradigan.
Los ciudadanos que se benefician de becas y dádivas se convierten en cómplices silenciosos de un sistema que les compra la conciencia con dinero público. Se ha construido una red clientelar que impide la crítica y perpetúa la mentira.
Hoy, esos ciudadanos que aplauden las farsas del gobierno son como reses que, alimentadas con promesas y subsidios, ignoran que mañana serán carne en el matadero político.
El asalto a la democracia es evidente, pero parece no importar cuando el plato está lleno y el discurso populista seduce.
La verdadera traición no está solo en el Palacio Nacional, sino también en una sociedad que se ha dejado seducir por espejismos.
Mientras el poder se consolida y la justicia se convierte en una caricatura, es urgente recuperar la dignidad y la crítica genuina. No podemos legitimar un proceso que nació podrido desde su raíz.
Huroneo
El resentimiento social que sembró AMLO ha dado ya sus primeros frutos amargos: no hay democracia, y hoy nos miramos con odio, divididos por una narrativa que enfrenta a hermanos y amigos.
¿En qué momento el país se entregó a los brazos de un demagogo enfermo de poder? ¿Cómo permitimos que el discurso del rencor y la polarización desgarrara el tejido social?
México se ha convertido en un campo de batalla ideológico donde la verdad ya no importa, y el odio se ha vuelto la moneda corriente en el intercambio público.