En este último trimestre del año y a lo largo de 2022 se tiene previsto transferir tecnología a algunos países para la producción de vacunas de vanguardia en América Latina y el Caribe, así como de jeringas y ciertos medicamentos contra covid-19 y, con ello, reducir la dependencia excesiva de las farmacéuticas centradas en vender a los países ricos, según lo determinó recientemente la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Es importante, por ello, conocer cuáles serán los principales objetivos de esta estrategia para impulsar los esfuerzos de fabricación de vacunas en los países de la región, máxime que ahora dicho compromiso (autosuficiencia sanitaria) ya forma parte de los recientes acuerdos firmados el pasado fin de semana en la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) congregados en el Palacio Nacional de la Ciudad de México.

Covid-19 llegó a Latinoamérica y al Caribe en un contexto de bajo crecimiento económico —según informes de la Cepal— y, sobre todo, de marcada desigualdad y vulnerabilidad, con pobreza creciente y extrema, debilitamiento de la cohesión social y expresiones de descontento popular. Bajo este contexto, la aplicación de vacunas contra covid-19 es la solución más viable para controlar la enfermedad y poder reactivar la actividad económica.

Sin embargo, la situación económica en los países latinoamericanos dificulta el acceso a las vacunas, necesarias para poder atender a la población y detener la transmisión del virus. Lo anterior se observa en los bajos porcentajes de inoculación que se han logrado hasta la fecha en los países de la región.

Actualmente, Uruguay (73.68%), Chile (73.49%) y Canadá (69.54%) son los países de América con el mayor porcentaje de población completamente vacunada. Les siguen Ecuador (55.38%), Estados Unidos (54.62%) y Panamá (49.04%). México está más lejos, con 31.24% de población vacunada, mientras que en general la región latinoamericana y del Caribe cuenta con 23% de la población ya inoculada (datos de la OPS).

Las condiciones políticas, económicas y sociales de algunos países de América obligaron a la búsqueda de alternativas que permitieran suplir las deficiencias internas y obtener un rápido acceso a los biológicos. Dentro de estas soluciones se encuentra el desarrollo de vacunas propias, a través de la adquisición de tecnología de plataformas desarrolladas por terceros mediante el mecanismo de transferencia tecnológica. Tal es el caso de México, que desarrolló la vacuna Patria, aún en etapa de ensayos clínicos, o Brasil, con la vacuna Butanvac, también en esa fase.

Por este motivo, “es importante resaltar que el desarrollo de ambas vacunas se hizo en colaboración con la Escuela Icahn de Medicina de Mount Sinaí, que transfirió la tecnología base para que la vacuna pudiera desarrollarse localmente.

Por otro lado, Cuba ha desarrollado la vacuna Soberana, que se encuentra en etapa avanzada de ensayos clínicos. Chile cuenta con un proyecto de vacuna made in Chile y Argentina tiene una nueva propuesta de proyecto de desarrollo presentada en marzo de este año, también para vacunas contra covid-19. Sin embargo, los planes de desarrollo se han ido retrasando de tal forma que, a la fecha, aún no contamos con estas vacunas en producción a escala industrial”, comenta Roxana Aispuro, socia del despacho BC&B, firma legal y de negocios experta en el sector.

Advierte que “independientemente de los grandes esfuerzos que se han hecho para asegurar el acceso y abastecimiento de las vacunas contra covid-19 en la región, es necesario que se fomente su desarrollo y producción local en el continente, así como de otros materiales y equipos requeridos para contener los contagios, pues la duración de la pandemia aún es incierta y los países deben buscar la autosuficiencia para asegurar que toda su población tenga acceso a vacunas eficaces contra la enfermedad”.