Definido como “el sistema de gobierno menos imperfecto” que hay en el mundo, la aportación de la democracia es la posibilidad de ser plurales en la forma de pensar y concebir la vida pública y social de los seres humanos, la cual se funda en el respeto y la tolerancia de las diversas maneras en que se organizan las sociedades modernas.

 

Hace unos días, apenas el viernes de la semana pasada, comenzaron las nuevas administraciones en las alcaldías de la Ciudad de México, en medio de una situación inédita tras las elecciones del 6 de junio pasado: por primera vez en casi 25 años, la capital del país ya no es el reflejo de la hegemonía de un sólo partido político. Primero el PRD y después Morena habían “sentado sus reales” en el otrora Distrito Federal, pero hace unos meses las cosas cambiaron. Son otros tiempos, otras las circunstancias.

 

Desde el pasado primero de octubre, la capital del país se partió literalmente en dos en lo que a la gobernanza política se refiere. A pesar de que los partidos de oposición a Morena (PAN-PRD-PRI) hoy gobiernan más alcaldías, con nueve de las 16 que conforman la CDMX, en la práctica y de acuerdo con el último censo del Inegi, prácticamente hay un “empate técnico” ya que con las restantes siete alcaldías los morenistas gobiernan a 4 millones 844 mil 412 habitantes, mientras que los partidos de oposición “mandan” sobre los otros 4 millones 365 mil 532 capitalinos que viven en la otra mitad de la ciudad. Ello, sin duda, conlleva nuevos retos y desafíos en momentos inéditos que vivimos como país y como sociedad.

 

Hoy ya se puede ver a un panista, un perredista, un priista o morenista encabezar una alcaldía y los ciudadanos “medir” los resultados de cada uno para luego decidir su voto para un cargo de mayor relevancia. Eso siempre es bueno para la competencia democrática.

 

  • Y ya que hablamos de resultados, quien atraviesa en estos tiempos por graves problemas legales y financieros es el director de Bursamétrica, Ernesto O´Farril, quien cree que “una mentira repetida muchas veces termina por convertirse en verdad”. Así, quiere quitarse de encima una serie de demandas por montos millonarios debido al manejo fatal que ha hecho de la casa de bolsa que dice dirigir. Dado el manejo opaco de los recursos para la instalación de sistemas y equipos, O´Farril ha sido demandado por sus socios. Ante ello, desesperado, el señor de la pajarita ha optado por el camino fácil de orquestar campañas de desprestigio en contra de varias empresas que lo tienen demandado, entre ellas Grupo Escorfin.

 

Y por si fuera poco, no conforme con cobrar cifras millonarias por instalar sistemas a los que se les tuvo que invertir dinero extra por carecer de un funcionamiento óptimo para la casa de bolsa, también cobró por supuestos servicios de análisis montos 90% más altos de los que se pueden obtener en consultorías profesionales. Esto sin considerar que los supuestos servicios de análisis no ayudaban a la toma de decisiones al interior de la casa de bolsa. Malo y caro, pues.

 

Uno de los socios afectados con dinero y con los dichos calumniosos de O´Farril es Grupo Escorfin, encabezado por Roberto Guzmán, firma con más 20 años de experiencia y con inversiones en los sectores inmobiliario, minero, turístico, de energías limpias y préstamos con descuento de nómina, entre otros.

 

Escorfin aportó capital, Ernesto O´Farril hizo los gastos y luego las campañas de desprestigio contra sus socios.

 

Escorfin es una compañía seria y dedicada que trabaja en el primero y único Desarrollo Urbano Integral Sustentable (DUIS) de Yucatán, con más de 3 mil viviendas de interés social para beneficio del mismo número de familias y con una reserva por desarrollo de más de 70 hectáreas. Muy diferente a lo que O’Farril ha querido dibujar en sus malintencionadas charlas con el sector financiero, en las que se quiere hacer la víctima, aunque ello no vaya con su pajarita con la que se hace pasar como “casabolsero” de fuste y fusta.