DE COLUMBINE A TEOTIHUACÁN | RODRIGO GONZÁLEZ ILLESCAS

27/04/2026
DE COLUMBINE A TEOTIHUACÁN
💙 «La mente es su propio lugar, y en sí misma puede hacer del infierno un cielo, y del cielo un infierno» — John Milton
La Masacre de Columbine no solo fue un tiroteo escolar. Fue un parteaguas. El 20 de abril de 1999, en Colorado, Estados Unidos, dos estudiantes, Eric Harris y Dylan Klebold, asesinaron a 12 alumnos y un profesor antes de suicidarse. Desde entonces, Columbine dejó de ser un lugar común para convertirse en símbolo: el inicio de una conversación global sobre salud mental, acceso a armas, violencia juvenil y la responsabilidad compartida entre familia, escuela y sociedad.
Aquel episodio también abrió la puerta a algo más inquietante: la imitación. La violencia como eco. La tragedia replicada, reinterpretada y amplificada por el tiempo, los medios y las subculturas digitales.
El pasado 20 de abril, esa sombra pareció proyectarse en México. En Teotihuacán, uno de los sitios más emblemáticos del país, un hombre de 27 años perpetró un ataque que dejó una turista muerta y al menos 13 personas heridas antes de quitarse la vida. Más allá del horror inmediato, el hecho sacude por lo que representa: no solo un acto de violencia, sino la posibilidad de estar frente a una modalidad que hasta ahora parecía ajena: la imitación.
Las preguntas son inevitables: ¿cómo alguien logró entrar armado y con suficiente munición para causar tal daño? ¿Dónde fallaron los filtros? ¿Qué señales no se detectaron a tiempo?
Más allá de la falla inmediata, hay un trasfondo más complejo: la salud mental sigue siendo un tema relegado, estigmatizado e ignorado. La prevención de la violencia rara vez ocupa un lugar central en la agenda pública. Mientras tanto, el acceso (legal o ilegal) a armas continúa siendo una variable crítica.
Hablar de «punto de quiebre» no es exageración. Este tipo de actos introduce una lógica distinta: el ataque individual con carga simbólica, influido por referentes globales. Los discursos de división, ya sean políticos o de entretenimiento, influyen en la atmósfera violenta que vivimos.
La lección de Columbine nunca fue solo lo que ocurrió ese día, sino lo que vino después: la urgencia de mirar de frente problemas incómodos. Teotihuacán nos coloca ante un espejo similar.
La pregunta no es únicamente qué pasó, sino qué vamos a hacer con ello. Ignorarlo o reducirlo a un hecho aislado sería un gran error.